La ciudad vieja de Tallin parece la portada de un cuento de hadas. Tejados cónicos de tejas naranjas a dos aguas, con cubiertas verdes de cinc, grises de pizarra, rojas... solo le falta alguna bruja volando en su escoba y un par de gnomos asomándose a una buhardilla. Tallin es una ciudad con encanto, ni grande, ni pequeña; ni antigua, ni moderna; ni rica ni pobre. O mejor sí. Es una ciudad encantadora, grande y pequeña, antigua y moderna, rica y pobre, según como la veamos y el barrio al que nos acerquemos.
miércoles, 18 de junio de 2014
TALLIN
TALLIN
La ciudad vieja de Tallin parece la portada de un cuento de hadas. Tejados cónicos de tejas naranjas a dos aguas, con cubiertas verdes de cinc, grises de pizarra, rojas... solo le falta alguna bruja volando en su escoba y un par de gnomos asomándose a una buhardilla. Tallin es una ciudad con encanto, ni grande, ni pequeña; ni antigua, ni moderna; ni rica ni pobre. O mejor sí. Es una ciudad encantadora, grande y pequeña, antigua y moderna, rica y pobre, según como la veamos y el barrio al que nos acerquemos.
La ciudad vieja de Tallin parece la portada de un cuento de hadas. Tejados cónicos de tejas naranjas a dos aguas, con cubiertas verdes de cinc, grises de pizarra, rojas... solo le falta alguna bruja volando en su escoba y un par de gnomos asomándose a una buhardilla. Tallin es una ciudad con encanto, ni grande, ni pequeña; ni antigua, ni moderna; ni rica ni pobre. O mejor sí. Es una ciudad encantadora, grande y pequeña, antigua y moderna, rica y pobre, según como la veamos y el barrio al que nos acerquemos.
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